| La vida
es tensión y falta. La distensión es mortífera. Construir
una diferencia es la actividad vivificante del sujeto. Los dioses castigaron
a Sísífo porque no quería morir, con el cumplimiento
de su deseo. Sísifo no descansa en paz. Se esfuerza sin fin en
cargar su roca. Sísifo no padece su roca, es su roca.
La persistencia de un sujeto requiere de actos creativos, de actos que
renueven la tensión, aun cuando esos actos creativos destruyan,
o mejor digamos que precisamente porque esos actos creativos destruyen.
El arte y la subjetividad se afirman donde tambalean y vacilan donde se
hacen sólidos.
Las cruces del arte son las encrucijadas donde lo delimitado, lo definido,
lo establecido hace crisis y con su cuestionamiento interroga toda certeza
previa.
El arte se cruza con lo no artístico, y nos pregunta por el estatuto
de lo utilitario y lo suntuario, de lo útil y lo inútil.
Las artes visuales se expanden hasta las perfomances e invaden el territorio
del teatro, el teatro se aleja de la dramaturgia y crea espectáculos
visuales. El arte reivindica su independencia de todo criterio normativizador
pero los artistas reclaman un apoyo estatal que solo podría, en
rigor de verdad, otorgarse en función de una norma.
El arte carga sus cruces hacia el gólgota, como Sísifo su
roca, preanunciando una muerte, nunca definitiva, nunca lograda, siempre
dispuesta a la resurrección del espíritu, Sísifo,
cruces del arte es el punto de encuentro de sujetos que desde distintas
profesiones y actividades nos preguntamos por este laberinto de la subjetividad,
no para buscar la salida sino para perderla definitivamente.
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